Cerró la clásica sandwíchería el "Nacional"

Locales 01 de marzo de 2018 Por
El dueño del tradicional carro, que se vio obligado a levantar su local por una orden de desalojo. Asegura que no se cumplió con un acuerdo al que llegó tiempo atrás con el colegio y el Ministerio de Educación.
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Ángel Migliorino , dueño de la tradicional sandwichería “El Nacional” manifesto en Radio Vos que tuvo que cerrar obligado por la justicia contó que construyó un espacio detrás de su carro que le permitiría seguir con su negocio y ayudar a la institución educativa a través del cobro de un alquiler por 1500 dólares mensuales, dinero que contribuiría a la edificación de un gimnasio techado para sus alumnos.

Mediante un contrato de locación, pago en Rentas y planos aprobados, el hombre hipotecó su casa, pidió un crédito y comenzó ladrillo a ladrillo con lo que creía sería su nuevo local, sin embargo dos profesores integrantes de la Cooperadora de la escuela, se negaron rotundamente a la decisión y presentaron una denuncia ante Fiscalía.

“Cuando estaba por inaugurar, no lo pude habilitar, entonces seguí funcionando con el carro en la vereda como estaba, sin poder utilizar la parte de atrás la cual yo tenía contrato, tenía todo, nunca le reclamé, nunca pedí que me devuelvan la plata del alquiler, porque no era mi intención dañar al colegio ni a las autoridades que en esos momentos firmaron el contrato porque ellos pensaron en el bien del colegio,” 

Varios años después, en 2015, el Ministerio de Educación inició una demanda de desalojo en su contra, que no prosperó por un acuerdo al que se llegó en una audiencia. “Celebramos un acuerdo en el que yo entregaba la parte que había edificado, haciendo una pared detrás del carro de chapa con el que yo estaba trabajando, no teniendo acceso hacia el interior del otro local y la provincia desistía de todo tipo de desalojo y reclamo contra mi negocio,”

Tres años después una nueva orden de desalojo volvió a llegar, pero esta vez sin la posibilidad de arreglo. “Yo me siento estafado porque a pesar de tener todo legalmente, contrato, autorización, el único perjudicado fui yo. En el convenio se decía que yo acordaba la entrega siempre y cuando el carro quede en el lugar donde estaba emplazado. Yo confíe en que eso era lo se había escrito y no lo leí recién hasta ahora y dice que yo tenía que estar por afuera de la línea municipal y estoy 60 centímetros dentro,” .

Su mayor dolor es que lo acusen de usurpar un espacio que le pertenece al colegio Nacional, cuando todo lo que hizo fue por derecha y con todos los papeles en regla. “He golpeado todas las puertas habidas y por haber, sin recibir ningún tipo de solución,”.

Admitió su error al no haber leído el convenio, que firmó ciego por su confianza hacia los participantes, y dijo sentirse desamparado judicialmente.  “No confió en la justicia porque creyendo que estando delante de una jueza, hablando de lo que se había pactado, del acuerdo, se escribe otra cosa que no es lo que se había hablado y me queda esta situación de impotencia de no poder hacer absolutamente nada,” expresó.

Ahora su principal preocupación es cumplir con la orden judicial y desalojar el carro, el que buscará instalar en otro espacio. “Una vez que termine con el desarmado del quiosco, veré donde nos instalamos o veré si hay alguna posibilidad de instalarme cerca o en otro lado, estoy viendo que es lo que hago,” finalizó.

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